Descripción
Ocho horas de oficina o un viaje largo en carro se sienten en la espalda baja, y ahí entra el cojín lumbar: una pieza con curvatura anatómica que rellena el hueco que queda entre la columna y el espaldar plano de la silla.
Sostener esa curva cambia la manera de sentarse. La pelvis deja de rodar hacia atrás, el peso se reparte mejor entre el respaldo y el asiento, y la musculatura lumbar trabaja menos para mantenerlo a usted erguido. Sirve igual en la silla de escritorio, en la butaca de la sala y en el asiento del vehículo.
La correa de sujeción es el detalle práctico: se ata al espaldar y mantiene el cojín a la altura correcta, que es la del cinturón y no la de los omóplatos. Colocado demasiado arriba empuja los hombros hacia adelante y consigue el efecto contrario. Conviene que la funda se pueda retirar y lavar, porque es una pieza de uso diario y en contacto permanente con la ropa.

