Descripción
La rodilla es de las zonas donde peor se queda una bolsa de hielo: se resbala apenas el paciente dobla la pierna. La compresa de gel para rodilla resuelve eso con un recorte que envuelve la articulación y unas correas que la sujetan alrededor.
Fijada de esa forma, el frío o el calor se mantienen en su sitio mientras la persona se levanta, camina o hace los ejercicios que le hayan indicado, sin depender de que alguien sostenga la compresa. Las correas deben quedar firmes pero sin apretar: si la pantorrilla se marca o aparece hormigueo, hay que aflojarlas.
Admite las dos temperaturas —congelador para frío, microondas o agua caliente para calor, con los tiempos del fabricante— y es reutilizable. Coloque siempre un paño entre el gel y la piel. Revise cada tanto las costuras de las correas, que es donde más tensión se acumula, y guárdela extendida. Cuándo aplicar frío y cuándo calor, y por cuánto tiempo, lo indica el fisioterapeuta o el médico tratante.

